Archivo | Libros RSS for this section

#MusicMonday

“Dracula” de Bram Stoker cumple 117 años.

Anuncios

Encontrarse en un libro

Siempre me ha resultado curioso cómo muchos libros -en especial los buenos libros-, encuentran la forma de salir a relucir en conversaciones que, aparentemente, no tienen nada que ver. Mis amigos literatos quizás conozcan algún término para este fenómeno. Para mí, es parte de la cultura general.

Portada del libro

El chiste es que a principios de este año terminé de leer una obra excelente: The Wise Man’s Fear, de Patrick Rothfuss. Es la segunda parte de una trilogía (The Kingkiller Chronicle), y hace poco más de dos años escribí sobre la primera parte. El libro salió a principios de 2011, pero pude poner mis manos en él hasta finales del año, y lo terminé apenas pasando Año Nuevo.

Para no hacer el cuento largo (aunque mi versión del libro pasa de las 1000 páginas), la historia de Kvothe continúa: sigue sus estudios en la Universidad -y siguen los paralelismos al Roke de LeGuin- y, por varias razones, se ve forzado a hacer otro viaje para buscar más información sobre los Chandrian -los seres míticos que mataron a sus padres-, y visita cortes, escuelas de “artes marciales” y el plano faerico.

Es realmente en este libro, donde la trilogía cobra vida. La tridimensionalidad de los personajes -y del mundo- se hace cada vez más evidente, la trama es un tanto más inesperada, y las expectativas crecen para la tercera entrega. Honestamente, me es difícil visualizar cómo le hará Rothfuss para concluir la historia satisfactoriamente en la tercera entrega (que se llamará, tentativamente, The Doors of Stone), porque hay muchos elementos de la trama.

No es secreto que la fantasía es uno de mis géneros favoritos, y es gratificante encontrar una obra con un mundo que se siente completo y complejo. El mundo donde vive Kvothe tiene vida propia, con sus leyendas, secretos y, por supuesto, reglas. La forma de hablar de los personajes traiciona sus orígenes, y los paisajes son claros y distintivos. Es, francamente, un agasajo encontrar una obra de este tipo.

Pero regresando al punto con el que iniciaba: me resultó curioso “encontrarme” en el libro.

Estaba yo platicando con una amiga sobre la costumbre mexicana de ofrecer lo mejor a los invitados. Esta costumbre es juzgada y criticada por muchos, pero a mí me causa orgullo. Quizás -como Octavio Paz afirma-, es una especie de servilismo producto de la Conquista española, o tal vez un vestigio de la estricta jerarquía de las civilizaciones precolombinas. O, con mayor probabilidad, una suma de ambas. Lo cierto es que es muy mexicano “quitarse el pan de la boca” con tal de que los invitados se sientan a gusto y, por lo menos a mí, me causa orgullo que me llamen “buen anfitrión”.

Hablando de “echarle agua a la sopa”…
Ésta es la crema de cilantro que preparé para la cena de Año Nuevo

En México decimos que “donde caben dos, caben cuatro”, y que si llega más gente de la esperada, sólo hace falta “echarle agua a la sopa y sal a los frijoles”, y se puede atender a todos. En muy pocas ocasiones le cerramos la puerta a un invitado, y somos famosos por la calidez (si bien también por la tasa de delincuencia).

En The Wise Man’s Fear, pasa algo similar. Kvothe narra una historia en la que un hombre pide refugio en varios campamentos en un cruce de caminos. Todos los grupos, de una manera u otra, le niegan la hospitalidad, con excepción de uno. Se trata de los Edema Ruh (que, por cierto, son la raza a la que pertenece Kvothe), que tienen muchos paralelismos con los gitanos medievales. Los Ruh no sólo le ofrecen al hombre comida y abrigo, sino lo invitan a beber de su mejor vino. El chiste es que el hombre rechaza el vino y pide sólo agua, a pesar de la insistencia de los Ruh; éste es el secreto para ser recibido por ellos como “familia”.

Y el punto es que esta parte del libro salió a colación durante mi plática con mi amiga. Y el cómo no sólo los mexicanos ofrecemos “nuestros mejores vinos” a los invitados, sino que les insistimos a pesar de las negativas. Cuando uno está de visita en casa de alguien muy mexicano, acaba comiendo -y bebiendo- más de lo que acostumbra, por mucho qu ese niegue. Los invitados llegan a ser “más importantes que la misma familia”.

Y lo cierto es que no es la primera vez que me pasa eso de “encontrarme” en un libro. A final de cuentas, de algún lugar saca el autor la inspiración para escribir, y ese lugar es la vida misma, y sus experiencias y las situaciones que le son familiares. En mi opinión, son los mejores libros los que son un reflejo, si bien extraño y “mágico”, del mundo. O como diría el mismo Kvothe:

“All the truth of the world is held in the stories”

Opus Millenium

Creo que sabemos bien lo difícil que puede ser encontrar un buen libro. Uno de esos por los cuales está permitido obsesionarse. Es fácil darse cuenta que, sobre todo en estos días, es más fácil encontrarse a una Stephanie Meyer que descubrir a una Anne Rice; para encontrar al próximo Carlos Fuentes hay que dejar pasar letras como las de Susana Silva; hay que asustarse varias veces para vivir el terror de Stephen King; y hace falta algo de paciencia para encontrar a quien un hechizo como el de Patrick Rothfuss. A veces, el dicho “más vale malo conocido que bueno por conocer” se vuelve tan cierto que es más fácil apegarse a los autores conocidos que lanzarse a tomar un libro por alguien desconocido.

He de decir que mi entrada a la blogósfera me ha dado bastante más material con el cuál hacer crecer mi TBR-pile (“to-be-read” o “a ser leído”). Y tengo que agreadecerle a estas personas por facilitarme tanto material de lectura.

Uno de estos “descubrimientos” fue la obra de Stieg Larsson. Y es un poco triste, sabiendo que no saldrá más de su mente, pues falleció en el 2004, poco antes de la publicación de su Trilogía Millenium. Sin embargo, tras ser aclamada en Suecia, su país de origen, fue traducida a muchos idiomas y finalmente llegó a México.

Originalmente, no me habían llamado la atención ninguna de las novelas, en particular porque los títulos no me causaron tanta impresión y las portadas de la versión en español en realidad me parecieron deprimentes. Pero fue PCN quien, tras escribir unas reseñas bastante halagadoras, me convenció de comprarlos y, finalmente, leerlos. [Si quieren leerlas, pueden encontrar su opinión sobre Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina, y La reina en el palacio de las corrientes de aire].

“El dieciocho por ciento de las mujeres de Suecia han sido amenazadas en alguna ocasión por un hombre”

Portadas de la edición en México (via joseranulfo.mx)

La acotación con la que Larsson abre la Primera Parte del libro inicial, cobra sentido conforme uno va avanzando en la obra. Detrás de los misterios que funcionan como catalizador para las historias, el sadismo y la misoginia son personajes principales; junto con la corrupción corporativa y gubernamental, la cobardía y otros defectos humanos. Además de ser novelas negras, son un gran análisis sociológico.

Parece justo que sean las mujeres las verdaderas heroínas en la historia -y paralelamente, que no existan “villanas” en ésta-. Mikael Blomkvist, quizás la encarnación del propio Larsson, uno de los protagonistas desde Los hombres que no amaban a las mujeres, es quizás el único hombre que tiene un peso importante en las historias. Blomkvist es el editor de la revista Millenium y, empieza acusado (y hallado culpable) de difamación por no poder brindar pruebas suficientes para respaldar un artículo que denuncia a un importante empresario. Es por esto que Henrik Vagner lo contrata para que investigue y encuentre a su sobrina Harriet, que desapareció misteriosamente treinta y seis años antes.

Lisbeth Salander es la verdadera heroína, o antiheroína, de la historia. A pesar de sus pocas habilidades sociales -tiene, quizás, síndrome de Asperger- posee otras habilidades muy útiles. Víctima de abuso sistemático por parte del gobierno y su administrador, no se envuelve en lo que parece ser la trama principal sino hasta pasada la mitad de la primera novela. Y es, gracias a ella, que Blomkvist descubre los secretos de gente en la que había llegado a confiar…

En La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina, queda claro que la historia de los Vanger fue solo una acotación en la trama maestra que Larsson había diseñado. Salander es el verdadero misterio. Cuando Millenium decide apoyar la publicación de una investigación sobre trata de blancas, una serie de asesinatos apuntan como culpable a Salander, y Mikael es el único que cree en su inocencia. Investigando la verdad detrás de este reportaje y los asesinatos, surge un nombre “Zala”.

Al ir descubriendo la verdad, Blomkvist se da cuenta de que Salander está más envuelta en el misterio de lo que originalmente pensaba y que Salander está en camino a enfrentar a los fantasmas de su pasado.

La reina en el palacio de las corrientes de aire empieza justo después de los eventos del anterior. Salander está enfrentando cargos de asesinato y es, quizás, Blomkvist el único con el poder de ayudarla.

Erika Berger, jefa de redacción de Millenium, constante aliada y amante ocasional de Blomkvist desde el primer libro, cobra aohora un papel importante cuando se ve envuelta en su propio caso de corrupción corporativa y derechos humanos, además de acoso cibernético y personal. Y también, Annika Giannini, hermana de Mikael, toma el papel de abogada con bríos, al defender a Salander del propio gobierno, causado por un complot de parte de la policía secreta sueca.

A final de cuentas, aun con los personajes masculinos, son las mujeres las que salvan el día en distintas ocasiones. Y me parece extraordinario como Larsson retrató a estas “amazonas”, mujeres fuertes y modernas, de distintos caracteres y trasfondos que son capaces de ponerse al tú por tú en las situaciones más difíciles.

Francamente, me parece una trilogía increíble. Si bien, hay muchos personajes y, en varias ocasioens me confundí con los nombres (los apellidos suecos son un tanto difíciles), la trama está trazada de manera excelente y uno no encuentra difícil relacionarse aun con los personajes más extraños -como la propia Salander.

Yellow Bird produjo una serie de adaptaciones de las tres novelas que aún tengo que ver (el primer filme apenas está en carteleras en México). PCN también tiene reseñas de estas películas. Igualmente, se está realizando una adaptación americana de las novelas, que ya es motivo de especulación y que promete bastante. Ya veremos…

Por lo pronto, recomiendo mucho las novelas. Creo que sí merecen el subtítulo de fenómeno literario. Lo que sí es que sin duda son un claro ejemplo del poder de la novela negra moderna.