Volvagia

Draco dormiens nunquam titillandus.

J. K. Rowling (Lema de “Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry”)

¿Saben? He estado haciendo una lista para esta serie, y cada vez que pienso en escribir sobre algún dragón, me acuerdo de otros más. Así que parece ser que sí habrá suficientes dragones para llenar el año.

En los últimos días he estado en una especie de cuasi-reposo, y gracias a eso, pude avanzar en varios de los posts que tenía ganas de incluír en mi serie de Dragones. Curiosamente, no es el caso con esta entrada.

Estaba platicando hace unos días con un amigo y salió a relucir el último juego de la serie de Zelda de Nintendo, The Legend of Zelda: Skyward Sword, y seguimos hablando sobre la “mitología” del universo de este videojuego y la continuidad de las entregas según los creadores.

En particular, no me considero un gamer. Sí, me gustan los videojuegos y durante mucho tiempo tuve algunas consolas (particularmente, las de Nintendo). Nunca tuve una consola portátil y las únicas veces que llegué a jugar con algunas de las entregas en estos formatos fue gracias a los emuladores durante mi adolescencia. Es más, ya no tengo consola porque hace rato que vendí mi GameCube… háganse una idea.

Me gustan mucho varios juegos y series: Final Fantasy, Septerra Core, Dragon Age y algunos más. Pero si hay una serie en particular que me fascina es The Legend of Zelda.

Básicamente, crecí con Link y Zelda. Si bien The Legend of Zelda nació cuando yo tenía 2 años… y realmente empecé a jugarlo hasta cuando salió la 3a entrega, sí me tocó ver la serie de televisión. Y esta caricatura fue, junto con la de Dungeons & Dragons, uno de mis primeros contactos con el subgénero de Sword & Sorcery.

Pero llegó 1998 y The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Todo el mundo se estaba volviendo loco con ese juego. Y algunos meses después, conseguimos (mi hermano y yo) un N64 y entendimos por qué. OoT reescribió muchos de los elementos de la mitología de la serie de Zelda, y le dio muchas dimensiones más. Este juego llegó con muchos más personajes y relieves que las entregas anteriores y, siendo el quinto de los (hasta ahora) dieciséis juegos de Zelda, es quizás uno de los mejores -si no es que EL mejor-. Y además, OoT fue el primer juego que terminé en su totalidad (con todos los goodies extras), y uno de los pocos que he re-jugado hasta el cansancio -o hasta que vendimos el N64.

Y uno de los Dungeon Bosses del juego es Volvagia, el dragón de lava subterráneo, que obviamente es el villano del Templo de Fuego.

Empiezo reconociendo que, en muchos aspectos, no fue lo que esperaba. A la batalla con Volvagia le faltó un poco de la sensación omniosa que tenían otros “jefes”, como Bongo Bongo o Barinade. Por otro lado, es quizás el único de todos (con la excepción de Ganondorf y, en menor medida, Bongo Bongo) que se siente más integrado en la trama: Volvagia es un dragón legendario que aterrorizaba a los Goron, hasta que un Héroe lo derrotó utilizando el martillo Megaton… y ahora fue revivido por Ganondorf porque los Goron “no coperan”.

Link vs Volvagia (de fin-chan85)

A long time ago there was an evil dragon named Volvagia living in this mountain. That dragon was very scary! He ate Gorons! Using a huge hammer, the hero of the Gorons… BOOOM! Destroyed it just like that. This is a myth from long ago, but it’s true! I know, because my dad is a descendant of the hero!

Link of the Gorons

Cuando jugué OoT por primera vez, entrar a la habitación de Volvagia fue terrorífico (se me quitó la sensación en cuanto me di cuenta que luchar contra él era como jugar Whack-a-Mole). Y es que su diseño, como personaje, está genial. Volvagia tiene lo que aparenta ser un casco en su cabeza (o es quizás una especie de exo-esqueleto), y tiene el cuerpo alargado de los dragones orientales.

Link vs. Volvagia (por Wynahiros)

Después de algún tiempo, encontré el manga de Ocarina of Time. En la historia (no canónica) de este manga, Link compra a Volvagia cuando pequeño y se vuelven amigos. Seis años después, cuando Link despierta como el Héroe del Tiempo, Volviagia sufrió coco-wash por Ganondorf y se volvió destructivo… y Link se vió obligado a matarlo para liberarlo.

Y ya hace tiempo, descubrí mucho fan-art de Volvagia en internet, lo que me hace pensar que no soy el único que cree que Volvagia representa el cómo deben hacerle los creadores de Zelda para incluir a los Dungeon Bosses en la historia al diseñar a sus personajes. Definitivamente, Volvagia es uno de los villanos más memorables de la serie… y eso que en cuestión de gameplay me queda claro que pudo ser mucho mejor.

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Vermithrax Pejorative

Fairy Tales are more than true; not because they tell us that dragons exist, but because they tell us that dragons can be beaten.

G.K. Chesterton

Tengo que reconocer que ideé esta serie -entre otras razones- para volver a ver muchas de las películas más geeks que recuerdo. Pero también la pensé para ver muchas más; aquellas que me recomiendan amigos, o las que encuentro como referencia a la hora de confirmar los datos.

Lo mismo con los libros. Estaba leyendo la última entrega del ciclo Inheritance de Christopher Paolini (solamente para “quitarme la espinita”), y me pregunté cuáles eran los textos con dragones que más me habían impresionado, porque ciertamente ese libro no lo hizo -al menos no mucho.

Además, confieso que estoy haciendo trampa. Estoy llevando, paralelamente, una serie similar en Outcast Flicks (incluso utilicé el mismo dragón para los logos). Allá sólo abarcaré algunas películas y seré muy breve. Acá, quiero incluir algunos libros y (quizás) otras fuentes. La idea es que la lista en este blog será más exhaustiva y la otra será la versión light.

Versión original del poster

Una de las películas que tenía ganas de ver es Dragonslayer, que salió a los cines en 1981, y dirigida por Matthew Robbins (quien después dirigiría *batteries not included, y escribiría los guiones de Mimic y Don’t Be Afraid of the Dark).

Según sé, Dragonslayer estuvo en cartelera en México como El dragón del lago de fuego, y ese nombre es quizás mucho spoiler. Honestamente desconozco la razón de ese afán de las distribuidoras mexicanas (y de otros países, también), de alterar tanto el nombre de una película que prácticamente le camba la esencia. ¿No era más fácil dejarle como título “Matadragones”, o algo así? En fin…

Dragonslayer trata, como el nombre lo indica, de un tipo que decide acabar con un dragón. Y, aunque tiene algunas sorpresas, la trama es la típica “mata al monstruo, salva a la princesa”. La película está repleta de convencionalismos de la fantasía.

Peter MacNicol (Galen) y Caitlin Clarke (Valerian) participan con sus primeros papeles profesionales, y en muchas escenas se nota; y muchos de los diálogos acartonados no favorecen el desarrollo de los personajes. Mucho del humor intencional no funciona, pero uno ríe bastante con otras cosas que -seguramente- no pretendían ser comedia.

Me gusta particularmente cómo, en el final, cada personaje decide que el dragón fue vencido por distintas razones: los nobles aclamaban al rey, los pobres daban gracias a Dios. Y nadie reconoció la labor de los verdaderos héroes. Me recuerda el dicho que “la historia es escrita por los vencedores” y, en este relato, así es.

Pero definitivamente el gran elemento salvador es el dragón (¿o debería decir dragona?):

Vermithrax Pejorative

"Vermithrax Pejorative is an old dragon"

Vermithrax Pejorative, que según esto significa aproximadamente “el wyrm de Tracia que empeora las cosas”, es impresionante prácticamente desde el primer momento en que sale. En primer lugar, se debieron haber hecho varios props de sus garras y cola para interactuar con los actores (e incluso de la cabeza).

Y el detalle del dragón es espectacular. La “piel” de la cabeza tiene texturas y su mirada tiene una expresión tangible (si bien sólo de odio). Prácticamente se puede sentir vida detrás de sus ojos.

"When a dragon gets this old, it knows nothing but pain, constant pain. It grows decrepit... crippled... pitiful. Spiteful!"

Y esto es durante los acercamientos. Vermithrax Pejorative nació y murió antes de la época digital. Muchos de sus movimientos se grabaron utilizando stop-motion, pero Dragonslayer fue de las primeras películas en usar partes del modelo mecanizadas y programadas en computadora, de modo que se pudiera grabar el movimiento. Llamaron go-motion a esta variante del sistema.

"Once, the skies were dotted with them (dragons). Magnificent horned backs, leathern wings.... soaring..."

Muchos afirman que Vermithrax Pejorative es el mejor dragón que ha visto el cine. Yo digo “quizás”. Es cierto que es uno de los más espectaculares y mejor realizados; uno de los más realistas también.

Lo cierto también es que hay una marca alta para Peter Jackson y sus colaboradores, pues en diciembre de 2013 no pueden entregar un Smaug que sea menos que este.

"... and their hot-breathed wind"

Here Be Dragons

Desde ayer estamos estrenando “Año Nuevo Chino”, y desde hoy estreno servidor de blog. Ya me estaba dando lata el anterior, y tenía este dominio sin utilizar. Así que las ganas de echarle más ganas al blogueo me hicieron cambiar acá. Todavía no entiendo bien varias funciones. Habrá cambios en los próximos días, mientras exploro todo esto, pero por lo pronto empiezo publicando cosas.

Como dije, la cosa es que ya estamos en un nuevo año de acuerdo con el calendario oriental. Yo festejo el occidental, pero resulta que según los chinos estamos en el “Año del Dragón”, como cada 12 años. Y aunque yo no soy tengo este signo zodiacal (soy rata… ajá), los dragones me gustan mucho.

OK. En realidad me gusta todo el género fantástico; y el Sword & Sorcery y la “Alta” fantasía en particular. Y como buen fantasy geek, reconozco que los dragones son una de las criaturas más interesantes, versátiles e incluso cuasi-indispensables en muchos de sus subgéneros.

Los dragones pueden ser maestros o villanos, héroes o compañeros, leyendas o realidades… y en la literatura y el séptimo arte hay tantos ejemplos como los hay gente que los imagine.

Así es que como proyecto en este “nuevo blog”, voy a iniciar una serie: Dragones en Ficción. Voy a escribir sobre mis dragones favoritos, y los libros y películas (o series de televisión) que los “vieron nacer”.

Empezaré a partir del siguiente post. La idea se me ocurrió ayer, y le dediqué más rato al logo de la serie y al listado de dragones que a escribir sobre ellos. Por lo pronto, si ven el siguiente dibujo, sabrán de qué se trata:

Logo de la serie

Encontrarse en un libro

Siempre me ha resultado curioso cómo muchos libros -en especial los buenos libros-, encuentran la forma de salir a relucir en conversaciones que, aparentemente, no tienen nada que ver. Mis amigos literatos quizás conozcan algún término para este fenómeno. Para mí, es parte de la cultura general.

Portada del libro

El chiste es que a principios de este año terminé de leer una obra excelente: The Wise Man’s Fear, de Patrick Rothfuss. Es la segunda parte de una trilogía (The Kingkiller Chronicle), y hace poco más de dos años escribí sobre la primera parte. El libro salió a principios de 2011, pero pude poner mis manos en él hasta finales del año, y lo terminé apenas pasando Año Nuevo.

Para no hacer el cuento largo (aunque mi versión del libro pasa de las 1000 páginas), la historia de Kvothe continúa: sigue sus estudios en la Universidad -y siguen los paralelismos al Roke de LeGuin- y, por varias razones, se ve forzado a hacer otro viaje para buscar más información sobre los Chandrian -los seres míticos que mataron a sus padres-, y visita cortes, escuelas de “artes marciales” y el plano faerico.

Es realmente en este libro, donde la trilogía cobra vida. La tridimensionalidad de los personajes -y del mundo- se hace cada vez más evidente, la trama es un tanto más inesperada, y las expectativas crecen para la tercera entrega. Honestamente, me es difícil visualizar cómo le hará Rothfuss para concluir la historia satisfactoriamente en la tercera entrega (que se llamará, tentativamente, The Doors of Stone), porque hay muchos elementos de la trama.

No es secreto que la fantasía es uno de mis géneros favoritos, y es gratificante encontrar una obra con un mundo que se siente completo y complejo. El mundo donde vive Kvothe tiene vida propia, con sus leyendas, secretos y, por supuesto, reglas. La forma de hablar de los personajes traiciona sus orígenes, y los paisajes son claros y distintivos. Es, francamente, un agasajo encontrar una obra de este tipo.

Pero regresando al punto con el que iniciaba: me resultó curioso “encontrarme” en el libro.

Estaba yo platicando con una amiga sobre la costumbre mexicana de ofrecer lo mejor a los invitados. Esta costumbre es juzgada y criticada por muchos, pero a mí me causa orgullo. Quizás -como Octavio Paz afirma-, es una especie de servilismo producto de la Conquista española, o tal vez un vestigio de la estricta jerarquía de las civilizaciones precolombinas. O, con mayor probabilidad, una suma de ambas. Lo cierto es que es muy mexicano “quitarse el pan de la boca” con tal de que los invitados se sientan a gusto y, por lo menos a mí, me causa orgullo que me llamen “buen anfitrión”.

Hablando de “echarle agua a la sopa”…
Ésta es la crema de cilantro que preparé para la cena de Año Nuevo

En México decimos que “donde caben dos, caben cuatro”, y que si llega más gente de la esperada, sólo hace falta “echarle agua a la sopa y sal a los frijoles”, y se puede atender a todos. En muy pocas ocasiones le cerramos la puerta a un invitado, y somos famosos por la calidez (si bien también por la tasa de delincuencia).

En The Wise Man’s Fear, pasa algo similar. Kvothe narra una historia en la que un hombre pide refugio en varios campamentos en un cruce de caminos. Todos los grupos, de una manera u otra, le niegan la hospitalidad, con excepción de uno. Se trata de los Edema Ruh (que, por cierto, son la raza a la que pertenece Kvothe), que tienen muchos paralelismos con los gitanos medievales. Los Ruh no sólo le ofrecen al hombre comida y abrigo, sino lo invitan a beber de su mejor vino. El chiste es que el hombre rechaza el vino y pide sólo agua, a pesar de la insistencia de los Ruh; éste es el secreto para ser recibido por ellos como “familia”.

Y el punto es que esta parte del libro salió a colación durante mi plática con mi amiga. Y el cómo no sólo los mexicanos ofrecemos “nuestros mejores vinos” a los invitados, sino que les insistimos a pesar de las negativas. Cuando uno está de visita en casa de alguien muy mexicano, acaba comiendo -y bebiendo- más de lo que acostumbra, por mucho qu ese niegue. Los invitados llegan a ser “más importantes que la misma familia”.

Y lo cierto es que no es la primera vez que me pasa eso de “encontrarme” en un libro. A final de cuentas, de algún lugar saca el autor la inspiración para escribir, y ese lugar es la vida misma, y sus experiencias y las situaciones que le son familiares. En mi opinión, son los mejores libros los que son un reflejo, si bien extraño y “mágico”, del mundo. O como diría el mismo Kvothe:

“All the truth of the world is held in the stories”

The Joy of Books

Ya voy a publicar algo aquí, lo prometo.
Mientras, les comparto este video que me hicieron llegar por facebook. El libro del final tiene toda la razón.

Raise Your Glass

Hace 120 años nació “El Profesor”. No hace falta que ahonde (y repita) cómo su obra ha formado parte de mi vida; pero sí me importa afirmar el respeto y admiración que tengo a una gran mente. 
Y después de levantar mi té… un brindis más alegre.

El último del b’ak’tun

Empiezo aclarando que no creo que el “fin del mundo” llegará el 21 de diciembre del año por venir. Entiendo lo suficiente de cultura maya como para entender el significado de la profecía. Espero que la presencia de esa réplica del calendario maya entre mis curiosidades represente un poco de mi conocimiento.
De cualquier modo, 2012 es un año que (quizás como todos) promete cambios; desde las elecciones presidenciales hasta cosas más personales. Y como siempre, estoy dispuesto a recibir lo que viene con una sonrisa y, ¿por qué no? la “barriga llena”. 
Y qué mejor forma de empezar el año que deseando que el 2012 esté repleto de éxitos y recuerdos imborrables. Y que el “fin del b’ak’tun” no sea sino el inicio de muchas pequeñas y grandes aventuras para todos. 
¡Feliz Año Nuevo!